Como un arma de guerra,
mi vista es una granada de alto impacto.
Mata todo alrededor,
destruye toda la creación.
Paisajes de ensueño,
bellezas escondidas,
macizas montañas,
las opacan mis ojos torturados.
Convierte el oro en trigo,
la plata en piedra,
y el cobre en aserrín.
No descansa,
mis sueños son pesadillas perversas.
Como una enfermedad,
mi vista contagia a los paraísos en los que antes gozaba,
el odio, la pena y los ofusca.
Nunca nada se verá igual,
la luz por entre las ramas de los árboles,
sólo serán resplandores de lo que alguna vez fue magia,
el atardecer será un simple ocaso de luz,
en el que el sol sólo quiere abdicar el infierno que me enseña.
La luna emergerá deprimida,
pues sabe que su alba mirada,
no detendrá mi mirada descontrolada.
Después de rodearme de un poder nunca antes percibido,
perderlo, dejarlo, soltarlo,
nada tiene sentido.
El cantar de un gorrión ya no es armonía,
su serenata me recuerda la melodía de mi mirada
que se encontraba con la tuya,
sin palabras me quedaba.
El arco iris se opacó,
rojo, azul y verde,
se volvieron negro, gris y pardo,
como una hoja que perdió su vida con la llegada del otoño.
La sonrisa ya no ríe,
y se confunde con el velo de mis ojos demacrados,
que sólo piden tenerte aquí a mi lado.
La locura me posee,
el viento no me mueve,
como si fantasma fuese,
mi alma se desprende.
Sólo un segundo me bastó,
para conocer la perfecta belleza,
sólo un vistazo necesité
para notar lo perdido que estaba,
para saber que respiro sabiendo que tu también lo haces.
Efímero tiempo me hizo falta
para aprender sobre maravillas inmaculadas,
cuando mis ojos glorificados
cantaban a mi pensar descontrolado.
Sólo un segundo me bastó,
para desprenderme de la divinidad,
sólo una lágrima necesité
para notar que en mal momento llegué,
para saber que eres mi final y que nunca podré llegar.
Vagaré por el mundo sin tener un destino,
pues lo único que necesito
ya lo he perdido.
Y mis ojos no cesaran,
mi mirada no descansará,
pues después de apreciar el Edén,
ya no estaré bien.