Tú, sí tú,
ilusión maquiavélica,
delirio de profecía,
utopía humana,
habitas la realidad y lo irreal,
¿qué haces en mi cabeza?
Sabes lo que quiero, hasta mis más oscuras peticiones.
Albergas mi rutina y alojas en mis sueños,
conoces tanto mi alma como mi cuerpo,
me dictas tus memorias
para lograr el fuego eterno.
Tú,
invisible ser,
¿por qué me cuidas?
¿qué te debo a cambio?
Me obligas a llorar cuando no quiero,
agudizas mi deseo por verme débil cuando quiero ser fuerte,
mientras escuchas el indómito gemido de mis vértebras,
que se quiebran, se deshacen y se muelen,
el pesar de tus obligaciones
recaen como un látigo sobre mi espalda.
¿Seré acaso tu esclavo?
No has sido clara.
Tú, que me miras con soberbia,
te deslizas con franqueza,
¿es qué no he sido un buen transporte?
Mis ojos ya celosos
se hinchan embarullados,
la condena de escucharte,
les provoca cerrarse.
Tú, yo,
cuerpo y alma,
viviente y fantasma,
dame una prueba para seguir en estás andanzas,
pues quiero serte franco,
mi cuerpo sufre con las decisiones que me mandas.
Engreída espiritual
dame más pistas para saldar,
este curso insólito
que tú, compañera mía
me haces caminar.
TRISTE JORNADA
Hace 6 años
No hay comentarios:
Publicar un comentario