Como si fuese anecdótico,
palabras y sentimientos sin sentido
sin dirección alguna,
viven para ellos y por ellos.
No saben de donde son,
no saben de donde vienen,
cegados por su bienestar,
atrapados en sus mentes.
Mienten a su alma,
y a ellos mismos.
No conocen sus raíces
y les avergüenza conocerlas.
Y dicen ser chilenos, patriotas y nacionalistas,
aquellos que les avergüenza oír a Violeta Parra o a Cecilia.
Si la cueca no es oída
y mucho menos bailada,
y si un curanto no es bajo tierra
como hiedra en primavera,
los que vírgenes son de esas pasiones
no se pueden proclamar chilenos.
Si el rock de The Ramblers es olvidado,
y las mantas de melodías son obviadas por generaciones,
en cuanto a un pastel de choclo en primavera
respetando las tradiciones,
pues el verdadero sentimiento
nace en aquellos con los ideales primero.
Y si ser chileno es celebrar
que en un partido de fútbol lo más importante es ganar,
que Neruda sin su Nobel no es de proclamar.
Es un paraíso, una bendición,
proclamar la bandera sin rendición.
Abro la ventana oyendo a los Parras,
mientras cierro los ojos para encontrarme con Víctor Jara.
Giro entorno a mi memoria,
Illapu me saluda desde el exterior,
Castigados quedaron por rendir honor.
Giro sobre aquellos que miran a la Cueca con vergüenza,
los recuerdos de la Patria con desamor,
que se ríen de sus vestigios y reliquias,
sus raíces y memoria,
no tienen un amor.
Pues Chile no es un trofeo,
tampoco una ilusión,
es crecer del pasado
en busca de algo mejor,
sin perder el origen,
ni menos… La tradición.
TRISTE JORNADA
Hace 6 años
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