Cargaba el báculo seguro
un paso alado
me convertía en verdugo;
la mirada alta como cumbre,
el pecho erecto como mástil
y una pausa al susurro del andante.
La palabra firme como roca,
el paladar no tintinaba,
el acoso al errar
era ajeno a los ojos a los cuales iba a amar.
La voz era una sola,
que tenores me perdonen lo que voy a contar,
era una dulce melodía
mejor que Boccelli y unos cuantos más.
Fue mi llanto el que hizo quebrar
la firmeza de una estatua
que se abatió en pedazos
para en el olvido quedar.
Fue tu mentira la que me hizo abdicar,
fue tu promesa una estrella fugaz,
la promesa de siempre
que nunca iba acabar.
Y la roca se hizo tierra,
y mi pecho un artículo de guerra,
la pausa se hizo eterna
lo sé, porque sigo en ella.
Un momento, un segundo,
mis cristales advierten otro comenzar,
que mis ojos le hablan,
mi mente la piensa,
mis gestos la aman
pero mi palabra esclavizada está;
detrás de una pena
que no dejó de llorar,
detrás de un escudo
que no deja nada pasar.
Con miedo vivo
al pensar que del fénix soy vestigio,
que mi destino sea fallar
para acabar sin confianza en la eterna oscuridad.
TRISTE JORNADA
Hace 6 años
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