Y tú callas en el frío pasillo;
Donde la luz parpadea amarilla,
tus brazos se cruzan buscando abrigo,
y donde el silencio se quiebra con un sollozo.
Tu mirada perpleja
como cazador a su presa,
él a tus llagas,
como verdugo rutinario.
Su mano sangra tu vida,
y esa luz testigo
no quiere quedarse encendida
mientras él te castiga.
Botellas y cigarrillos;
Almuerzo y cena,
su droga tu sangre,
su rabia tus penas.
La noche comienza,
el ritual demoníaco;
El elíxir de tus venas
y el cántico en tu espíritu.
Su afán depravado cumple misión;
tu cara hacia el suelo ordenando la acción,
mientras cristales penetran
tu cutis morado
exigiendo compasión.
La luz del pasillo se quema
y no puede sentir,
los gemidos dorados
de una diva que deja de existir.
TRISTE JORNADA
Hace 6 años
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